El vacío ante la pérdida es también una jaula vacía. La narradora de este cuento publicado por primera vez en 1923 nos abre paso a su alma rota. Ha muerto su pájaro y el vínculo que había entre ambos (¿o era unilateral?) la deja en total soledad. La tristeza es una profundidad parecida a la de los sótanos: oscura, húmeda, fría, desesperanzadora.
¿Cuándo se deja de extrañar a un ser querido? ¿Qué se hace con la angustia que hace nido en el corazón?