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José Emilio Pacheco

  • bonjourmipikikahas quoted9 months ago
    Todo se olvida, ¿verdad, Nachita?, pero se olvida solo por un tiempo
  • Luis Joséhas quotedlast year
    autor no pronuncia sus propias palabras sino da únicamente su versión de lo que le contaron
  • Miguel Peraltahas quoted3 days ago
    Por alto esté el cielo en el mundo, por hondo que sea el mar profundo.
  • Miguel Peraltahas quoted3 days ago
    Voy a guardar intacto el recuerdo de este instante porque todo lo que existe ahora mismo nunca volverá a ser igual.
  • Miguel Peraltahas quoted3 days ago
    Un día lo veré como la más remota prehistoria. Voy a conservarlo entero porque hoy me enamoré de Mariana.
  • Miguel Peraltahas quoted3 days ago
    Por alto esté el cielo en el mundo, por hondo que sea el mar profundo.
  • Miguel Peraltahas quoted3 days ago
    Somos puritito mediopelo, típica familia venida a menos de la colonia Roma: la esencial clase media mexicana. Allí está bien Carlos. Su escuela es nuestro nivel. ¿Adonde va usted a meterlo?
  • Miguel Peraltahas quoted3 days ago
    Y por eso, no cesaba de repetirlo mi madre, estábamos en la maldita ciudad de México. Lugar infame, Sodoma y Gomorra en espera de la lluvia de fuego, infierno donde sucedían monstruosidades nunca vistas en Guadalajara como el crimen que yo acababa de cometer. Siniestro Distrito Federal en que padecíamos revueltos con gente de lo peor. El contagio, el mal ejemplo. Dime con quién andas y te diré quién eres. Cómo es posible, repetía, que en una escuela que se supone decente acepten al bastardo (¿qué es bastardo?), o mejor dicho al máncer de una mujer pública. Porque en realidad no se sabe quién habrá sido el padre entre todos los clientes de esa ramera pervertidora de menores.
  • Miguel Peraltahas quoted3 days ago
    Pero en aquella época: sirvientas que huían porque "el joven" trataba de violarlas (guiado por la divisa de su pandilla: "Carne de gata, buena y barata"
  • Miguel Peraltahas quoted3 days ago
    Así pues, estaba solo, nadie podía ayudarme. El mismo Héctor consideraba todo una travesura, algo divertido, un vidrio roto por un pelotazo. Ni mis padres ni mis hermanos ni Mondragón ni el padre Ferrán ni los autores de los tests se daban cuenta de nada. Me juzgaban según leyes en las que no cabían mis actos.
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