Puede recordar que toda la belleza de animales y plantas es una forma silenciosa y duradera de amor y de anhelo, y puede ver al animal igual que ve a la planta, agrupándose paciente y obediente, y multiplicándose y creciendo, inclinándose, no por placer físico, no por dolor físico, hacia las necesidades que son mayores que el placer y el dolor y más violentas que la voluntad y la resistencia.