Frankenstein defiende la creencia de que, en el momento que renegamos de una lectura ecologista de la madre tierra, en el momento en el que construimos la naturaleza como lo hace Frankenstein, como la madre muerta o como la materia inerte, en ese momento ponemos en funcionamiento una ideología basada en los valores patriarcales del individualismo, la competitividad, la agresión, el egoísmo, el sexismo y el racismo.