bookmate game
es
Bal Khabra

Collide

Notify me when the book’s added
To read this book, upload an EPUB or FB2 file to Bookmate. How do I upload a book?
  • Maya Cardielhas quoted7 days ago
    ¿Cuál fue tu primera impresión de mí?
    —Que me acostaría contigo si no me miraras como si fueras a patearme en las pelotas. —Su sonrisa engreída me hace poner los ojos en blanco—. ¿Y la tuya?
    —Que eras un idiota. —Él resopla y se venga mordiéndome la oreja, por lo que suelto un chillido—. Pero tenías unos ojos bonitos —añado.
    —¿Unos ojos bonitos? —repite con sequedad—. ¿Eso es todo?
    —Tú has dicho que te acostarías conmigo, eso no es un cumplido.
    —¿Bromeas? —Me hace girar para quedar de frente—. Ni siquiera quería que me gustaras. Pero no podía apartar los ojos de tu culo.
    —¿Cuándo me mirabas el culo? —Intento ignorar la rigidez entre mis muslos.
    —Siempre que tenía oportunidad. —Sonríe y me da una palmada en el trasero.
  • Maya Cardielhas quoted7 days ago
    Estoy bastante seguro de que lo último que deseabas era salir con un jugador de hockey.
    —También enamorarme de uno —replica y se queda helada—. Eh… —La beso antes de que continúe.
    —Lo sé. —Apoyo la frente en la suya y tomo su rostro entre las manos—. Está bien.
    —Yo no…
    —Eres mía para siempre, Summer. Si esas palabras surgen ahora o en diez años, estaré aquí para escucharlas. Te quiero muchísimo.
  • Maya Cardielhas quoted14 days ago
    —¿Corriste hasta aquí bajo la lluvia? —Saberlo me conmueve. Ella asiente con la cabeza, al tiempo que caen gotas de sus pestañas a sus mejillas y hacen que parezca un sueño mojado. Doy un paso hacia ella, porque estoy seguro de que explotaré si no la toco ahora mismo. Le seco las gotas de las mejillas con delicadeza—. ¿Dejarás de fingir ya, Summer?
    —Dímelo tú. —Me coge por los hombros y sus labios chocan con los míos en un espectáculo de fuegos artificiales.
    Sin perder el tiempo, la levanto en mis brazos, ella rodea mi cintura con las piernas y, presionándola contra el marco de la puerta, devoro sus labios en un devoto beso. La lluvia y el intenso viento se convierten en ruido de fondo para los sonidos dulces en mi boca. Summer sabe a mía. Siempre ha sido así.
  • Maya Cardielhas quoted14 days ago
    Me encuentro con Summer empapada en la entrada.
    —Tenías razón —afirma con las manos en las caderas y el pecho agitado. Me quedo mirando su cuerpo mojado incapaz de hablar—. Mi cita intentó besarme. —Mi cuerpo irradia un calor cargado de violencia. Al parecer, mi discurso no aplacó mis celos. Summer pone los ojos en blanco—. Tranquilo, no pasó nada.
    —¿Por qué no? —Siento la garganta irritada al tragar.
    —Porque no podía dejar de pensar en ti. Porque cada vez que me hacía un cumplido o me tocaba, deseaba que fueras tú. Porque cuando se me acercó en el coche, le dije que había alguien y vine corriendo aquí.
  • Maya Cardielhas quoted19 days ago
    La respuesta es decepcionante, pero, antes de que pueda decir más, una chica me empuja y me hace caer en el regazo del extraño.
    La mirada de halcón en mi espalda se vuelve más intensa.
    El hombre posa una mano en mi cintura para mantenerme en el sitio y, a pesar de mi decisión de no mirar alrededor, echo un vistazo hacia donde están los chicos hablando a gritos y mi mirada impacta con un par de ojos verdes. Aiden está apoyado contra la pared, mirándome de brazos cruzados y bebiendo despacio sin prestar atención a sus compañeros. Aunque su postura casual parece tranquila, su mirada es fría. La punzada en mi corazón amenaza con partirme en dos y tengo un nudo en la garganta. De repente, la idea de compartir una copa con este hombre o de que siquiera me toque me provoca escozor
  • Maya Cardielhas quoted19 days ago
    —¿Qué puedo decir? Nuestros hijos tendrán suerte de que sea su padre —digo sin pensarlo, lo que me deja helado, pero la incomodidad dura un segundo antes de que Summer se eche a reír.
    —Estás loco si crees que pariré a un hijo con tu cabezota. Será mejor que tu esposa tenga las caderas anchas. —Eso despeja la tensión de mi pecho.
    —Lo añadiré a mi lista. Caderas anchas para bebés cabezones.
    —Y no te olvides de añadir que esté dispuesta a padecer con tu idiotez.
    —¿Eso haces conmigo? ¿Sufrir? —Solo asiente con la cabeza, porque la mitad de su atención está en el portátil. Me acerco para apartarlo de sus piernas y ella no se queja cuando la agarro del tobillo para atraerla a mí. El trabajo queda abandonado, lo que me conmueve, porque nunca abandona los libros, pero ahora solo está enfocada en mí. Huele tan bien que hundo la nariz en el dulce aroma de su cuello—. ¿Consideras esto sufrimiento?
    —Sí —jadea al sentir mi erección—. Una absoluta tortura.
    Subo su blusa blanca mirándola para obtener su permiso, pero ella no pierde tiempo y termina de quitársela. Sus pechos libres están tan cerca de mi boca que tengo que alejarla de mi regazo para fingir que mantengo la compostura. Después, le coloco el cabello detrás de su hombro y acaricio cada centímetro de piel desnuda, excepto donde ella quiere. Recorro el contorno de su cuerpo y de sus pechos, por lo que emite un gemido frustrado. Entierra los dedos en mis hombros y, cuando la miro, sus ojos están en llamas.
    —Estoy semidesnuda en tus piernas, Crawford. No tienes que ser un genio para saber lo que quiero que hagas.
    —Sé lo que quieres. —Me acerco sin tocar sus pezones ansiosos—. Siempre sé lo que tu cuerpo quiere de mí, Summer, pero también sé que así te gusta. Quieres que te haga desear, que te haga sufrir. —Mi respiración recorre su piel erizada cuando beso con suavidad el camino entre sus pechos. La mano que presionaba mi hombro asciende hasta mi nuca.
  • Maya Cardielhas quoted19 days ago
    —Ven a ver el partido esta noche —le pido. Ella hace una mueca, yo suspiro—. Dame una buena razón para no hacerlo. —Nunca he invitado a una chica a un partido, pero tener a Summer sentada entre el público me irá bien.
  • Maya Cardielhas quoted20 days ago
    —Hace tantos años que soy entrenador que ya he escuchado casi todas las excusas. Vosotros, chicos, a veces os olvidáis de que también fui deportista universitario. Vuestras mentiras no me engañan.
    —Esperaba un mensaje. —Exhalo resignado.
    —De la chica de la ducha. —Summer me mataría si supiera que tiene ese apodo. Asiento con la cabeza, aunque no es una pregunta.
  • Maya Cardielhas quoted20 days ago
    Ni siquiera el alcohol alivia la rabia que siento en este momento. Hasta hace un instante, estaba feliz con cómo iban las cosas después de que jugáramos a beer pong, pero, ahora, mis puños se tensan. Summer está bailando y riendo con alegría mientras Sampson le susurra algo al oído. Si le sonríe una vez más, el equipo se quedará sin un delantero. ¿Y de qué se está riendo Summer de todas formas? Tuve la desgracia de compartir habitación de hotel con él y no es para nada gracioso.
    —Ten cuidado, romperás el cristal —advierte Amara señalando mi puño furioso—. Aunque apoyaría que descargaras esa rabia contra Sampson.
    —No siento rabia. —Vacío el vaso y lo dejo en la mesa. Amara asiente, pero no parece convencida.
    —Ten —dice y me da una copa.
    —¿Por qué brindamos?
    —Por tu cumpleaños. Y porque tengas las pelotas en su lugar. —Al ver mis cejas levantadas, añade—: Llevas toda la noche mirándola. Ve a cumplir tu deseo de cumpleaños, capitán. A menos que hayas perdido el encanto.
    ¿Mi encanto? Estoy convencido de que Summer sintió todo mi encanto entre las piernas la otra noche.
    Después de brindar con Amara, el líquido amargo me quema la garganta.
    —¿Vodka puro? ¿Intentas perder el conocimiento?
    —Exacto. —La amargura no parece afectarla.
    No sé si es el alcohol o que el tiempo se ha ralentizado, pero Summer se mueve en cámara lenta. El calor que afecta mis sentidos también me nubla la vista. Los pechos de Summer están presionados en ese vestido de tirantes finos y yo solo puedo pensar en cómo chilló cuando cogí su pezón entre los dientes.
  • Maya Cardielhas quoted20 days ago
    Soy un completo idiota.
    Puede que haya parecido confiado al salir del dormitorio, pero no volver arrastrándome a darle lo que quiere, lo que yo quiero, es un esfuerzo sobrehumano.
    Haber descubierto el tono exacto de sus pezones puede ser mi perdición. Y no puedo culpar a nadie más que a mí por haber arremetido en su dormitorio como si tuviera derecho a cuestionar a quién besa. En lugar de echar un polvo, grabé a fuego el objeto de mis sueños eróticos en mi mente. No llegaron a ser ni cinco minutos y ya puedo anticipar la cantidad de duchas que necesitaré para masturbarme pensando en ella. El camino a la camioneta es un desfile de la vergüenza.
fb2epub
Drag & drop your files (not more than 5 at once)