Por mi culpa, ya no se atreve a mostrarse en público. Me conoce. Sabe bien hasta qué punto puedo desafiarlos. Hasta dónde soy capaz de llegar, no solo para destruirme, sino para arrastrarlos a todos conmigo. Pobre madre que tiene que cargar con una hija tan obstinada en su rabia, eso es lo que temen todas las madres, ¿no? El recelo la abarca también a ella, que no ha sabido tomar las riendas, domar la sangre salvaje, el exceso de orgullo y esa obstinación viril de hacer lo que me dé la gana.