De modo que en este punto, entre Nietzsche, Max Weber (el poder de Estado como monopolio del uso legítimo de la violencia) o la etnología contemporánea, el parentesco es más próximo de lo que parece, y los lenguajes difieren poco partiendo de un mismo fondo: la verdad y el ser del poder consisten en la violencia y no puede pensarse el poder sin su predicado, la violencia.