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La isla de las mujeres del mar

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  • Ana Saenzhas quoted12 days ago
    mi sitio web sea bonito e informativo (www.LisaSee.com, donde encontraréis vídeos sobre las haenyeo, propuestas para clubes de lectura y muchas cosas más).
  • Ana Saenzhas quoted12 days ago
    permitidme primero constatar que no es así como las mujeres de Jeju se llaman a ellas mismas. Utilizan los términos «jamsu», «jamnyeo» o «jomnyeo», que son palabras del dialecto de Jeju. Dicho eso, la palabra japonesa «haenyeo» es por la que se conoce internacionalmente a las mujeres del mar.
  • Ana Saenzhas quoted13 days ago
    La gente lleva años persiguiendo a Young-sook para que cuente su historia y ella siempre se ha negado. Pero ahora… Las personas que se lo están pidiendo llevan la sangre de Mi-ja y de Young-sook. Sí, les contará su historia. Les hablará del dolor que tuvo que soportar, pero también de cómo se endureció su corazón por no saber perdonar.
  • Ana Saenzhas quoted13 days ago
    «Cuando un árbol tiene muchas ramas, hasta la brisa más leve le arranca algunas». Nosotros habíamos cultivado un árbol con muchas ramas. Uno de nuestros hijos había muerto prematuramente, pero ahora teníamos nietos que continuarían nuestro linaje. Sin embargo, Jun-bu, allá donde estuviese, ¿se habría disgustado con Joon-lee? Aunque quizá mucho más conmigo, por cómo la había educado. El principal motivo de orgullo de mi vida, mi hija pequeña, era la rama que se había roto de la forma más inesperada. Al unirse a la familia de Mi-ja, me había destrozado el corazón.
  • Ana Saenzhas quoted13 days ago
    Do-saeng tenía razón: estaba malcriando a aquellos niños. Se lo daba todo tanto a ellos como a sus padres: arreglaba nuestras casas para que cumpliesen los nuevos estándares, les compraba triciclos y bicicletas, traía un televisor para que pudiesen aprender más sobre nuestro país y sobre el mundo… Y todo eso nos había debilitado. Los niños de hoy en día querían tenerlo todo fácil en la vida. No tenían la fortaleza física ni emocional de su abuela ni de su bisabuela. Aun así, yo los quería y habría hecho cualquier cosa por ellos, incluso venderles marisco a los soldados estadounidenses en una esquina.
  • Ana Saenzhas quoted13 days ago
    Los callejones estaban a reventar de bares donde se podía comprar nuestro vino de arroz, nuestra cerveza, carne de nuestras barbacoas y a nuestras chicas. Tenía cuidado cuando pasaba por delante de esos locales, pues a los clientes les gustaba lanzar los huesos de pollo, cerdo y ternera a las aceras, por las que correteaban los niños pobres para recoger aquellos desechos y llevárselos a sus familias.
  • Ana Saenzhas quoted13 days ago
    Joon-lee era inteligente y ambiciosa; sabía cosas que yo nunca sabría. Sin embargo, ahora yo descubría otra realidad: puedes hacerlo todo por tu hija… puedes animarla a leer y preocuparte de que haga los deberes de matemáticas, prohibirle montar en bicicleta, gritar demasiado o ver a determinado chico (acababa de hacerle prometer que no volvería a ver a Yo-chan ni a Mi-ja, y ella me lo había prometido a regañadientes), pero a veces todo lo que haces es tan inútil como gritarle al viento.
  • Ana Saenzhas quoted13 days ago
    Nuestra diosa más poderosa era Abuela Seolmundae, la encarnación de nuestra isla. Nuestra mujer real más poderosa era Kim Mandeok, que había salvado a nuestro pueblo durante la gran hambruna. Pero también nos habían inspirado mujeres y niñas ficticias. Todas las que estábamos en el bulteok habíamos leído (o le habían leído) la historia de Heidi. Sin embargo, pese a lo fuertes que éramos y lo mucho que trabajábamos, a ninguna de nosotras nos elegirían para dirigir la Lonja Municipal ni para formar parte del Ayuntamiento de Hado.
  • Ana Saenzhas quoted13 days ago
    Mi hija me había hecho ver las cosas de otra forma. Vivíamos en una isla de diosas; teníamos una para el parto, otra para la muerte de un bebé, otra para el hogar, otra para el mar, etcétera. Los dioses solo eran consortes.
  • Ana Saenzhas quoted13 days ago
    —Mi hermana tiene razón —coincidió Gu-sun—. «Es mejor nacer vaca que nacer mujer». Por muy estúpido o perezoso que sea un hombre, siempre sale ganando. Él no tiene que supervisar a toda una familia. No tiene que lavar la ropa, organizar la casa, vigilar a los ancianos ni ocuparse de que los niños tengan algo que comer y una esterilla donde dormir. No tiene que cansarse trabajando en los campos de mar adentro ni en los de tierra adentro. Sus únicas obligaciones son cuidar de los bebés y cocinar un poco.
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