En un vínculo bajo estos términos, los integrantes pueden amarse, pero al mismo tiempo hacen todo lo posible por focalizar su atención en situaciones, ideas o comportamientos que les resultan insoportables de su pareja. Este modelo relacional tarde o temprano acaba afectando el entorno de las personas involucradas y es particularmente dañino para los hijos, ya que estos aprenden a llamar amor a esta forma de relación y al crecer se desenvuelven de modo similar en su vida romántica. Este vínculo recibe su nombre precisamente porque usa a la neurosis como la actitud principal de expresión en cada uno de sus miembros. La neurosis es —a grosso modo— la sensación de sentirnos solos e indefensos frente a un panorama que consideramos hostil y, por lo tanto, peligroso; en pocas palabras, la persona que reacciona neurotizadamente lo hace como una respuesta de protección ante el miedo que siente. La persona inmersa en una situación neurotizada de pareja padece constantemente su relación desde diversos tipos de miedos: al abandono, a la infidelidad, a ser víctimas de la envidia, a no estar a la altura de las expectativas, a la soledad, al qué dirán los demás de su relación y a un sinfín de causas más