puede pensar que es una condena de la ciencia y la filosofía, un pecado «prometeico» que incluso podría ser visto por algunos no como un pecado sino como un mérito del ser humano, igual que la empresa de Prometeo contra un Zeus egoísta que no quería ceder el fuego a los pobres humanos; pero no, la investigación se consideraba un alto honor incluso entre los antiguos hebreos y, en concreto, precisamente en el ambiente culto del segundo templo en cuyo entorno se escribió el Génesis en el siglo VI antes de Cristo: según el lenguaje simbólico hebreo antiguo, «bien y mal» indica todo lo creado por Dios y «conocimiento» significa posesión (no solo carnal, sino en sentido general); por tanto, la verdadera prohibición divina es la de querer apoderarse de lo creado como si fuese propio, es decir, de querer sustituir a Dios ignorándolo; en otros términos, la prohibición es hacerse dios en el lugar del único y verdadero Creador